Me pasé la gran parte de mi vida con miedo, profundizando en la gente que conocía para saber si reunían mis anheladas y a la vez, temidas cualidades, y cuando algunas llegaban a acercarse a ello, mostraban sus verdaderos defectos, no, no eran la persona indicada, ni siquiera cuando pareció realmente la ocasión.
Pero entonces llegó ella, con sus sonrisas y su pelo, sus no qué va y su delicadeza, sin un sólo defecto aparente, no, sin uno sólo si no descubres que está encerrada en la torre más alta y más infranqueable jamás conocida.
Menos mal que se me da realmente bien escalar.
pensamientos de un alquimista fracasado I
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